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La experiencia del voluntariado estival desde el testimonio de una alumna participante

Campos de Voluntariado, para mí, ha sido una experiencia inolvidable y que ha superado todas las expectativas.

Llegué a Almería con ilusión, incertidumbre y expectante por conocer a gente nueva y de lo que haríamos en cualquier momento. Cada día empezábamos con una oración para presentar el lema del día, del cual haríamos dinámicas por las tardes.

Todas las mañanas íbamos al voluntariado al que nos habían enviado. Yo he estado con niños y adolescentes con síndrome de Down. No puedo estar más agradecida por todo lo que me han enseñado tanto los niños como los demás compañeros con los que he compartido este voluntariado. Por las tardes, nos juntábamos en grupos para compartir el día en los diferentes voluntariados y así conocer más realidades.

También teníamos tiempo libre, esto ha hecho que la relación entre todos haya sido muy buena y hemos generado un ambiente de confianza y un gran grupo de amigos, que ha día de hoy, seguimos manteniendo el contacto. Saber que tienes a gente a tu lado que tiene objetivos muy parecidos a los tuyos te crea seguridad y motivación para conseguirlo.

Además de las misas, terminábamos el día con una oración y luego había la posibilidad de quedarse un rato más en la capilla. Para mí, ese momento era especial. Al principio nunca me quedaba, supongo que sería por miedo a sentir a Dios cerca y que algo en mí cambiase. Poco a poco eso fue cambiando hasta convertirse en el momento más importante de cada día.

Nos dijeron que había que hacer acompañamientos obligatorios, pensé que haría uno por probar y no volvería. Estaba muy equivocada, el acompañamiento me ha dado el mejor regalo que esta experiencia podía darme.

Estos quince días me han servido para valorar los pequeños detalles, conocerme más a mí misma y a los demás, para darme cuenta que todos somos importantes y lo afortunada que soy. Doy gracias al Colegio por ponerme esta experiencia delante.

Los Campos de Voluntariado hay que vivirlos para saber lo que se siente allí, para dejarte sorprender, para darte cuenta que Dios nos quiere tal como somos, pero nos sueña distintos y querer ser locos, para que el mundo nos recuerde por soñar despiertos.

BELÉN CASTRO LITÓN

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