Educar no es solo enseñar. Es ayudar a cada persona a descubrir quién es, qué le mueve y para qué está llamada a vivir. Desde nuestra identidad Ignaciana entendemos la Pastoral como el corazón que da sentido a nuestra manera de educar. Es el espacio donde abrimos caminos para encontrarnos con nosotros mismos, con los demás y con Dios.
No se trata solo de celebrar, rezar o participar en actividades. La Pastoral es una forma de mirar la vida. Es aprender a detenernos, a escuchar, a agradecer, a preguntarnos, a cuidar y a descubrir que nuestra vida tiene un sentido y una misión.
San Ignacio de Loyola nos invita a “buscar y hallar a Dios en todas las cosas”. Y esa búsqueda está en el centro de nuestro camino: descubrir que Dios está presente en lo cotidiano, en las personas que encontramos, en nuestras alegrías y también en nuestras dificultades; en aquello que somos y en aquello que estamos llamados a ser.
Por eso, nuestra Pastoral quiere ser, ante todo, acompañamiento. Acompañamos a nuestros alumnos para que puedan crecer por dentro, hacerse preguntas, conocerse, descubrir sus talentos y ponerlos al servicio de los demás. Les ofrecemos experiencias que les permitan parar, mirar, escuchar y conectar con aquello que verdaderamente importa. Porque queremos educar personas competentes, conscientes, compasivas y comprometidas. Personas capaces de mirar el mundo con esperanza y preguntarse no solo “¿qué quiero hacer?”, sino también “¿para qué quiero hacerlo?” y “¿cómo puedo poner mi vida al servicio de los demás?”
La Pastoral es también comunidad. Es caminar juntos: alumnado, familias, educadores y toda la comunidad educativa. Es crear espacios de encuentro, celebración, silencio, oración, servicio y compromiso. Es ayudar a cada persona a descubrir que tiene un lugar, una voz y una misión que ofrecer al mundo.
Porque, como nos recuerda Ignacio, no hemos sido creados para vivir de cualquier manera, sino para descubrir aquello que nos hace plenamente humanos y ponerlo al servicio de los demás.
Esto es la Pastoral. Un camino para descubrir, acompañar y vivir.

El lema de este curso se inspira en la meditación de San Ignacio de la primera semana de ejercicios en l clave de Reconciliación y Misericordia.
Jesús miraba a cada persona con misericordia y esperanza. No se detenía en sus errores o fragilidades, sino que veía en ella todo el bien que podía llegar a realizar.
Con sus palabras y sus gestos devolvía la dignidad, reconciliaba, sanaba las heridas y animaba a comenzar de nuevo. Su invitación sigue siendo hoy la misma: dejarnos encontrar por su amor para levantarnos y caminar con Él.
Somos invitados a saborear la paz y la alegría de sabernos perdonados y ser capaces de transmitir esto a los demás. El amor y la misericordia de Dios no son sólo para nosotros, sino que nos compromete a ser también portadores de la Buena Noticia.
Este curso estamos llamados a vivir las palabras de Jesús al paralítico: Tus pecados te son perdonados. Levántate, coge la camilla y echa a andar (cf. Mc 2,9). Haz tú lo mismo:
¡LEVÁNTATE Y ANDA! Reconciliados por Dios en un mundo herido