«El número también evangeliza». Es una frase que he experimentado en distintas ocasiones a lo largo de mi vida, pero que ha vuelto a cobrar sentido durante el encuentro vivido este fin de semana en Madrid junto al Papa León XIV. Una experiencia que ha reunido a 1.852 peregrinos vinculados a los colegios jesuitas de España y Portugal y que difícilmente olvidarán los jóvenes que han participado en ella.
La expedición comenzó en la mañana del viernes, con destino a los colegios Nuestra Señora del Recuerdo y Padre Piquer, ambos en Madrid, que durante esos días se convirtieron en el hogar de los 1.291 estudiantes participantes de los centros educativos jesuitas. A ellos se sumaron universitarios de los grupos MAGIS, acompañantes y voluntarios hasta alcanzar la cifra total de 1.852 peregrinos.

Desde Málaga nos desplazamos dos autobuses; por un lado, 24 alumnos del Colegio San José de Carranque, acompañados por tres educadores y el jesuita Guillermo Sanz SJ y por otro, 84 alumnos del Colegio San Estanislao de Kostka, junto a ocho acompañantes y el sacerdote jesuita Javier Gómez SJ. En total, más de un centenar de jóvenes malagueños que se sumaron a esta gran peregrinación nacional, recogiendo además en el camino a dos participantes de Alcalá la Real junto a su acompañante.
El Colegio Nuestra Señora del Recuerdo actuó como centro neurálgico de toda la organización. Allí tuvieron lugar las primeras dinámicas de acogida, en las que los jóvenes compartieron qué llevaban en su «mochila» vital y cuáles eran sus expectativas para esos días. Tras la cena, la jornada concluyó con un ambiente festivo y un examen ignaciano guiado por nuestro jesuita Guillermo Sanz SJ, invitando a los participantes a descubrir la presencia de Dios en todo lo vivido durante el día.
El sábado comenzó con un trabajo más profundo en pequeños grupos formados por alumnos de distintos colegios. Uno de los aspectos más enriquecedores de la experiencia fue precisamente esa mezcla constante entre jóvenes procedentes de diferentes ciudades, realidades y contextos educativos.
Posteriormente, todos los participantes se reunieron en una eucaristía presidida por el Provincial de España de la Compañía de Jesús, Enric Puiggròs Llavinés SJ. Un momento especialmente significativo antes de dirigirse por la tarde hacia la Plaza de Lima para participar en el esperado encuentro con el Papa.
Y allí llegaron algunos de los momentos más impactantes del fin de semana. La vigilia comenzó con el rezo del Rosario y continuó con la llegada de León XIV. Sus palabras resonaron con fuerza entre los jóvenes. Mensajes como «No tengáis miedo a la llamada del Señor» o «Sed la chispa de una humanidad nueva» encontraron eco en miles de corazones de jóvenes en proceso de búsqueda, que buscan respuestas, sentido y esperanza en el mundo que les ha tocado vivir.
Resultaba emocionante contemplar a tantos adolescentes y jóvenes rezando juntos. Algunos lloraban al paso del Papa. Otros permanecían en silencio durante los momentos de adoración. Quizá una de las imágenes más sorprendentes para quienes observaban desde fuera fue comprobar cómo centenas de miles de jóvenes eran capaces de mantener casi una hora de silencio meditativo ante el Santísimo Sacramento. Una imagen que rompe muchos tópicos sobre las nuevas generaciones. La jornada concluyó con actuaciones musicales, que también habían abierto la tarde, y un ambiente festivo antes del regreso a los colegios, aunque la noche fue corta. A las 4:45 de la madrugada sonaban los despertadores para afrontar la última etapa de la peregrinación.
La expedición se dirigió caminando hasta la Plaza de Cibeles para participar en la celebración de la Eucaristía y la posterior procesión del Corpus Christi. La suerte quiso que los grupos jesuitas pudieran situarse muy cerca del recorrido procesional.
La celebración estuvo marcada por el calor, pero también por la emoción. Muchos jóvenes destacaban después la intensidad espiritual vivida durante la misa y la procesión. Entre los cánticos y las expresiones de alegría sobresalían los «¡Viva Jesús Sacramentado!» y «¡Viva Cristo Rey!», mostrando que el centro de la experiencia iba más allá de la figura del Papa para situarse en la vivencia de la fe compartida.
Especialmente significativa ha sido la experiencia para el grupo del Colegio San José de Carranque. Acostumbrados a participar en actividades pastorales locales, esta ha sido una de las mayores experiencias intercolegiales que han vivido al menos en número, ya que han estado presentes en la JMJ de isoa o el Jubileo de Roma, pero en mucho menor número. Y los más importante es que la han vivido como una auténtica comunidad.
Entre los participantes se encontraba por ejemplo un alumno de segundo curso del Grado Superior de Robótica, uno de los tres únicos estudiantes de Formación Profesional presentes en toda la expedición jesuita nacional, y que destacaba lo intenso de esta experiencia que había superado para él lo que fue la JMJ en Lisboa, donde también estuvo en su época de bachillerato. También participó un alumno que actualmente se encuentra en proceso de búsqueda y preparación para recibir los sacramentos de iniciación cristiana en su parroquia de Puerto de la Torre. Incluso formó parte del grupo una alumna de tradición musulmana, que vivió la experiencia desde el respeto y el interés, acompañando a sus compañeras y compartiendo con naturalidad cada momento.
Esa diversidad refleja también una realidad que a veces pasa desapercibida: la Iglesia sigue siendo un espacio de encuentro para jóvenes con trayectorias muy distintas como se vive también en el Colegio San José del Padre Mondéjar, como así se le conoce en el barrio.
Personalmente, mientras observaba a miles de jóvenes rezar durante la vigilia, no pude evitar recordar otra imagen grabada en mi memoria: la de Cuatro Vientos, en 2003, durante la visita de san Juan Pablo II. Entonces coordinaba un grupo de la Axarquía con la Diócesis de Málaga. Más de dos décadas después, la sensación era parecida, comprobando que siguen existiendo jóvenes capaces de buscar, preguntarse, compartir y dejarse sorprender por algo más grande que ellos mismos. Porque quizá esa sea la principal enseñanza de experiencias como esta. Más allá de las cifras, de la logística o de los grandes eventos, lo verdaderamente importante es que muchos jóvenes regresan a casa con preguntas nuevas, amistades nuevas y una mirada distinta sobre la fe, sobre la Iglesia y sobre sí mismos. Así lo compartimos en la capilla del colegio este pasado miércoles, reuniéndonos de nuevo en clima de agradecimiento por lo vivido.
Ojalá dentro de veinte años algunos de ellos recuerden estos días con la misma gratitud con la que hoy recuerdo yo aquellas experiencias que ayudaron a moldear mi vida y mi fe. Porque hay encuentros que terminan cuando regresas a casa. Y hay otros que continúan acompañándote para siempre. Y todos se llevan esa sensación de poder decir,… yo estuve allí.


